10 hábitos para no intoxicarme energéticamente

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Para mí es de vital importancia aprender a no intoxicarme con las situaciones externas, con otras personas e incluso con espacios.

 

Así puedo cuidar mi salud física, emocional y energética y cuidar de la salud de los demás.

 

Hay personas más sensibles que otras, que notan más la energía externa, de un lugar o de otra persona. Hay otras personas que se llevan sin darse cuenta la energía negativa del ambiente y de los demás.

 

Es imprescindible primero darse cuenta que soy un ser sensible que interactúa con el mundo exterior no sólo con los 5 sentidos físicos, sino con todos los demás sentidos suprafísicos.

 

Y segundo, querer dejar de intoxicarme con la toxicidad que nos envuelve, que es mucha a nivel general.

 

El autocuidado es necesario para poder acompañar a otros en sus procesos personales, para poder sostener la energía de los cursos que imparto y que manejo, para interactuar con los demás a un nivel más profundo…

 

Por eso hoy te comparto 10 hábitos para no intoxicarme energéticamente que me sirven y que espero que a ti también, o al menos que te sirvan de inspiración:

 

1. Hablo poco de mi vida privada en las redes sociales. Comparto lo justo para que veas que soy humana, que tengo piernas y cabeza y que no soy un robot. 

 

 

En las redes sociales es donde más nos intoxicamos energéticamente. Muchas personas comparten sus penas, su ira, su malestar en ellas y nosotros somos receptores, a veces sin darnos cuenta, de ello. Eso nos carga a nivel físico con dolores y a nivel energético nos puede agotar.

 

También, da la sensación que las redes sociales es la realidad de la persona a quien miro, cuando no es verdad. Esto puede propiciar envidias, celos, juicios hacia tu persona que energéticamente recibes.

 

 

2. Cuando puedo, hago mini siestasAl menos desconecto, me recargo y aunque no duerma, mi mente ya no está pensando, sino que descansa conmigo y mi cuerpo.

 

 

3. Voy a la naturaleza una vez a la semanaEs la mejor manera de recargarse y aliviar dolores.

 

La naturaleza nos conecta con lo esencial de la vida, con lo prioritario y lo verdaderamente importante, por lo que nos va bien para centrarnos. También para liberarnos de la toxicidad de la ciudad.

 

 

4. Digo no cuando algo no vibra conmigo o no me apeteceNo hay nada más agradable que ser uno mismo.

 

El hacer lo que se supone que debo hacer nos carga con culpas innecesarias. Sé libre de ti mism@. Si es que sí es sí. Y si es que no, es no. No hay nada personal en ello.

 

 

5. Me dejo cuidar y me permito recibirEs realmente sanador dejar que otro te mime, te cuide y más cuando te dedicas a cuidar de los demás.

 

Las personas que trabajamos con personas solemos dar mucho y recibir poco. Abre tu corazón a recibir. Cuando recibo, siento amor. Y cuando siento amor, mi vibración energética sube y no me intoxico tanto.

 

 

6. No me meto donde no me llaman o donde no he sentido la llamadaEsto parece una obviedad pero meternos en cuestiones ajenas a nosotros, como la vida de los demás, hace que me cargue con mochilas innecesarias.

 

Ocúpate de lo tuyo, de estar bien, de cómo mejorar tu vida y la de los demás.

 

 

7. Limito la hora de conexión de redes socialesMe conozco y si fuera por mí estaría todo el día.

 

Engancha sí. Y nos intoxicamos mucho viendo cosas que no necesitamos, perdemos el tiempo y la energía… Limito mis horas de conexión y los fines de semana no quiero saber nada de ellas.

 

La vida está en otro lugar, no en las redes.

 

 

8. Procuro no compararme con los demásA veces nos intoxicamos nosotros mismos con nuestros pensamientos. Y uno de ellos es la terrible comparación, y si al menos fuera una comparación positiva pues aún (que tampoco), pero solemos salir bastante mal parados.

 

Así pues, deja de compararte. Asume que tienes dones únicos con los que viniste y que aún no has desarrollado o no te atreves o estás en ello. 

 

Pero deja de mirar al vecino lo que tiene, y céntrate en ti. Pierdes mucha energía mirando al otro y de esta manera, evitas mirarte a ti.

 

 

9. Cuando siento que ya no es el lugar donde estar, cuando algo no me gusta o algo se terminó, me marchoPerdemos fuerza, energía y nos intoxicamos con el sufrimiento que generamos cuando algo ya terminó. 

 

Duele decir adiós, marcharse a otro lugar pero sufrimos por no aceptar la realidad de la pérdida.

 

 

10. Los deseos nos hacen desear másEs como un círculo vicioso.

 

El deseo nunca se agota, siempre quiere más. Y si nos perdemos un poco en él, puede convertirse en gula.

 

Nos intoxicamos por emociones de baja gamma como dice Emilio Carrillo, y el deseo es uno de ellos cuando nos lleva a querer más.

 

Respira profundamente. Céntrate en lo prioritario, en lo esencial. ¿Qué necesitas?

 

Sandra Gamero

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